Cuando se abrió la puerta al 16 pintaban bastos. Empecé el año como ya sabéis lisiada y en la cama sin poderme mover. Bendita caída, bendita Mora, la yegua negra como el carbón que me regaló el cambio.

Mora me sentó en el primer vagón, y a medida que han ido pasando los días, hoy sentada el doceavo, el último, y habiendo vivido ya casi 365 días, sigo sintiendo lo mismo: bendita caída, bendita Mora. Y no se me olvida. Y no quiero hacerlo.

Un año de lucha por no caer más y por salir a flote, que se cierra y abre 17 con personas maravillosas que optan por quedarse a mi lado.

Cruzamos la puerta los tres, Martina y Xavi y seguimos juntos de la mano, creciendo, escuchándonos, mirándonos a los ojos y sobretodo sintiéndonos. Os siento.

Me quedo del 16, un año de trabajo duro, que se ha resistido ganando el pulso la adversidad en ocasiones y pudiendo yo en otras con éxitos que me recuerdan: sigue en este tren…

Me quedo con vosotros, mis cinco dedos de la mano: Jesús, Lucía el 16 nos ha unido si cabe aún un poquito más que el 15, aprendiendo a emprender amistad, proyectos y humanidad. Marieta y Guillem, a mil quilómetros de aquí, seguimos estando y siendo aquí. Y con mi costurera favorita, Irene, que tejiendo, tejiendo, este año una del las 12 campanadas suena por y para nosotras.

Me quedo con lo que me permite ser. Me quedo para cruzar la puerta del 17 con todo esto puesto, y con lo que esté por llegar.

Me quedo con todos y cada uno de vosotros.

Gracias y felices fiestas <3