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Atrapados por repetición.

Atrapados por repetición.

¿Imaginas que pudieramos cumplir 200 años? Seguramente, si lo hicieramos, nuestro aspecto físico ( y sin entrar en detalles) sabemos cuál podría ser: ¿verdad?.

Pero, y con 200 años más de sabiduría, de experiencias vividas, de evolución y revolución, de aprendizajes, de cambios, de consciencia, de integración, … suena tentador.

¿Imaginas una escuela con 200 años? Seguramente también la imaginas con un aspecto un tanto antigüa, ¿en blanco y negro?, ¡con uniformes! (pero de los más feos…), … mmm… con niños castigados con libros en la cabeza. ¿Qué más…?

Nos remontamos a la época de la Revolución Industrial. Sabías que la escuela que diseñaron debía seguir el patrón de las fábricas. Los niños debían ser educados para que luego fueran capaces de ir a trabajar a las cadenas de montaje. Así, se repetía y repetía todo, hasta memorizar determinados conocimientos que se creían necesarios para la economía industrial, una economía que se basaba en la producción masiva de objetos.

No pensar, repetir, obedecer y producir. Muy lejos ya de la economía actual que se basa en los servicios y la información, donde el motor son las ideas y la creatividad, pero no tan lejos de este sistema educativo que cumple también 200 años. Un sistema al que le ha salido canas, arrugas, ha perdido la movilidad y agilidad, que no se le entiende cuando habla porque le faltan la mayoría de dientes. Un sistema con unos fines iguales: crear niños iguales, conceptos iguales, información y temario creados con un único fin: ser memorizados a modo de repetición para luego ser puntuados del 0 al 10 (no los conocimientos, ¡no!, los niños).

Infantil y primaria, niveles que parecen haber dejado atrás la historia (en algunas escuelas como en la de Martina), y hacer historia, dejando avanzar a los más pequeños libremente. Dejando ser quienes son en realidad. Dejando que reinventen, que evolucionen y revolucionen, que creen, que deseen y que sean. Que sean ambiciosos, originales y únicos. Que elijan y transformen. Que descubran y se asombren, y así aprendan y emprendan. Que imaginen y vuelen. Que pinten y dibujen su particular papel en blanco. Que se cuestionen el pasado, formulen el presente y reformulen el futuro.

¿Pero cuánto dura este propósito? ¿Cuántos institutos o cuántas universidades siguen una educación con sentido común para las nuevas generaciones?

“Tienes que pensar cosas  diferentes de las que sueles creer,

si quieres crear realidades diferentes para tu vida”.

(Joe Dispenza)

Entonces, aquí seguimos. Atrapados en nuestra Revolución Industrial, con cadenas de montaje, de repetición y de producción masiva de personas también de repetición.

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