Tengo la costumbre de revisarlos antes de poner la lavadora y especial curiosidad con los de Martina, en la bata del colegio hay hojas de los pinos del patio, piedras y bellotas, porque para ella son cosas importantes, tesoros que se ha querido guardar por algún motivo, y si para ella son importantes, para mí también.

Este es el último post del 2015, un año, que como cada año nos susurramos con una sonrisa con Xavi al oído: “éste va a ser nuestro año”.

Yo también tengo tesoros guardados en mis bolsillos de este año: el despertar de Martina cada mañana con su dedito tocándome la cara preguntándome: ¿Mami me haces la leche de coco?, los 365 besos “buenas noches” con Xavi, las guerras de cosquillitas en la alfombra del comedor los tres, mis lágrimas de momentos en los que pienso en ti (avi), todo el trabajo personal que hago día a día para ser la mejor versión de mi misma, y el gusanillo que cada día me hace despertar motivación, ganas y energía por seguir este enorme proyecto que entre todos estamos haciendo tan gigante.

En mis bolsillos guardé durante un tiempo rupturas de lo que yo creía amistades sinceras y verdaderas, gracias a todos vosotros, os dejo ir y os agradezco todo lo que he aprendido de esto.

Este post lo dejé escrito antes de irnos. Estas vacaciones de navidad las estamos pasando en una isla que ya tiene un trocito de tres corazones. Pero no está completo si no añado este último párrafo, así que ahí va: lleno más de mi bolsillo con los atardeceres sentados en las rocas del mar, de la luna llena que nos despide cada noche por la ventana de la habitación, de risas, delfines, y de mi conexión con lo que estaba olvidado en mí y que es magia. Y tú “M”, me guardo para el 2016 tu amistad encontrada sin buscar, porque me has hecho volver a creer que existe, y que es fantástico poder ser una misma sin ser juzgada. Gracias, no te imaginas cuántas gracias.

Y gracias por cada uno de los días vividos a vuestro lado.

Gracias 2015 por todo lo bueno y lo malo, y bienvenido 2016 con todo lo que traigas.