Celos. Sanar el vínculo entre hermanos (PARTE I)

//Celos. Sanar el vínculo entre hermanos (PARTE I)

Celos. Sanar el vínculo entre hermanos (PARTE I)

Se pelean cada tarde cuando llegan del colegio, se insultan, los fines de semana es insoportable y tenemos que mandarlos cada uno a hacer planes distintos para evitar que pasen tiempo juntos, e incluso con nosotros el ambiente es agotador, se enfadan por todo, se bloquean y no quieren expresar lo que les pasa, y en muchas ocasiones sentimos que la tarde se echa a perder sin saber tampoco muy bien por qué, acabando en el castigo día sí, día también. Queremos ayudarles y que la convivencia en casa sea al menos sostenible.

Continuamente en consulta llegan cantidad de padres preocupados por la relación entre ellos con sus hijos y entre hermanos.

Trabajo bajo mi concepto de La Sombra del niño. Es decir, todo aquello que nosotros hemos vivido y ha originado una herida en nosotros, nos persigue hasta la edad adulta, manteniendo a ese niño interior herido. La sombra, nuestra mochila de vida que no queremos que salga a la luz (consciente o inconscientemente), la proyectamos sobre nuestros hijos, en forma de comportamientos automáticos. Piensa por ejemplo cuando tu hija te pregunta si quieres jugar con ella. ¿Te resulta molesto estar más de 5 minutos sentada con ella sin hacer o pensar en nada más que en estar ahí? ¿Buscas cualquier excusa para jugar más tarde? Te pongo este ejemplo porque es uno de los que más trato en las sesiones. Esta sombra viene originada por la falta de atención que nuestros padres (mayoritariamente nuestra mamá) nos ofrecieron cuando éramos niños. Es muy difícil poder dar algo que no se nos dio previamente. Nos costará entonces dejar de atender a nuestras necesidades (seguir haciendo la cena, seguir hablando por teléfono, seguir mirando Instagram) para satisfacer la de nuestros hijos sin excusas.

La relación entre hermanos dependen sin duda de esto que te estoy contando: de la mirada que tengas hacia tus hijos y de la presencia que haya recibido de ti. Reflexiona si estuviste el mismo tiempo con uno que con otro, si ahora te das mucho más a ese bebé que recién llegó y con tu primer hijo no pudiste estar porque trabajabas por ejemplo.

Pocas relaciones entre hermanos son pacíficas y amorosas. La mayoría se forjan desde el conflicto y la competitividad para que mamá o papá nos miren.

Recuerdo cuando yo era pequeña (soy la mayor de tres hermanos) las comparaciones estaban a la orden del día. Mira tu hermana qué cariñosa es, y tú siempre con morros y enfadada. O, tu hermano y tú sois iguales, siempre lo contáis todo, en cambio tu hermana se lo guarda todo para ella. Esto Laura Guzmán lo llama “discurso engañado”. ¿Qué significa? Pues que todo lo que nos dicen nuestros padres acaban siendo para nosotros la verdad, lo que pasó, aunque no fuera cierto. Crees lo que te dicen que eres y acabas siendo lo que creen que eres. Esto va tan lejos que según como trates a tu hijo los demás hermanos lo trataran igual. Así de sencillo y complicado a la vez.

Carencias afectivas, expectativas demasiado altas que deben cumplir tus hijos (la mayoría de veces impuestas por nuestra parte), tu falta de presencia y tu preferencia hacia uno más que al otro, hacen que acabes colgando etiquetas a tus hijos e inevitablemente también a la relación entre ellos. Si consideras a tu hijo pequeño el responsable y al mayor un gruñón, la relación entre hermanos es fracaso absoluto. Si la hermana pequeña es la más autónoma y el mayor y el pequeño cariñosos y atentos, la relación entre ambos, ¿cómo crees que será? Exacto. Un desastre también.

Con esta falta de papá o de mamá, con estas comparaciones, falta de mirada y atención, falta de conexión o presencia, defino celos a la ausencia de mamá o de papá. En el ejemplo que te exponía al principio veíamos como los hermanos no se aguantan entre ellos, discuten y se insultan. Esta rabia entre ellos no deja de ser una lucha por lo que quieren y no pueden tener. El hermano mayor lo que siente es que el pequeño está más atendido,  tiene mayor exclusividad que él. Lo que le falta es mamá o papá, no le sobra su hermano. Echa en falta ese acompañamiento que tuvo cuando su hermano no había nacido, esa mirada y presencia que ahora tiene que compartir con otra persona. Los celos de tu hijo se traducen en que añora lo que ve que das al otro, y él no tiene. ¿Porque tú echarías a faltar algo que ya tuvieras? Es absurdo, ¿verdad?, lo que tienes, no lo puedes añorar. Si tu hijo entonces tiene todo lo que necesita de ti, no reclamará nada más, se sentirá satisfecho y sin temor a que nada le sea arrebatado. 

Ahora te estarás preguntando: ¿y cómo hago para cubrir ese amor por igual a todos mis hijos? ¿no puedo dividirme? Tienes razón, te lo cuento en la II parte la semana que viene.  

Por |2018-12-02T16:08:43+00:00diciembre 2nd, 2018|Crianza respetuosa|Sin comentarios

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