Aunque no creas que pase. Pasa. Los niños y niñas se estresan. Las situaciones de estrés suelen ser más específicas y concretas que las tuyas y las mías. De hecho, los adultos, ya vivimos en un caos constante.

Saber acompañar este tipo de situaciones como padres y madres va a marcar la diferencia en tu hijo. El cerebro es extraordinario y su capacidad para adaptarse y responder a nuevos caminos de aprendizaje es rápido si lo trabajamos desde la infancia más temprana. Lo tengo comprobado.

Soy Noemí García de Marina, orientadora familiar y pedagoga terapeuta, creadora de Noe Batega. En el post de hoy quiero compartir contigo las 3 técnicas que no debes dejar de tener en cuenta en esos momentos en los que veas a tu hijo bloqueado:

1.- Lo primero que debes hacer cuando está en un momento de estrés es buscar la calma en tu hijo para poder equilibrar la balanza. Respetando por supuesto ese momento, pero es muy importante poder ofrecerle herramientas y técnicas para aliviar la tensión tanto emocional como física que pueda estar sufriendo.

Relajarse de forma divertida y en familia, es una muy buena manera de conseguir bajar ese estado a todos los niveles. Una vez lo tenga interiorizado (a base de práctica y más práctica) es increíble cómo ellos pueden conseguir esa calma y estabilidad emocional que tanto necesitan en un abrir y cerrar de ojos.

2.- La segunda técnica. ¿Has oído hablar de la oxitocina? Seguro que sí. Los niveles de esta hormona (famosa por facilitar las contracciones en los partos) y la serotonina o también llamada hormona del bienestar son las protagonistas de esta herramienta. No voy a darte hoy una clase de ciencias. No te asustes (soy de letras 😉 ). Es mucho más sencillo. Esta herramienta se trata, ni más ni menos, que del contacto físico. Sencillo, ¿verdad? La liberación de oxitocina se acelera con un abrazo o un beso. Sí, sí, lo que oyes. Eres medicamento para tu hijo. El contacto contribuye a la construcción de su seguridad y confort. Y regula el cortisol. Así, darle un masaje a tu hijo, por ejemplo, reduce sus niveles de actividad.

3.- Y tercera y última. Y mi favorita. La imaginación. Algo tan a la orden del día en tu hijo y tan escondido, negado y bloqueado en nosotros. Juega a imaginar con él. Anímale a que escuche sus pensamientos y sentimientos y pregúntale, en qué parte del cuerpo los siente. Transforma esa emoción en algo bonito, agradable y que le calme. Es un ejercicio muy potente. Si a tu hijo le cuesta dejarse llevar, puedes guiarle con imágenes y fotografías e invitale a que relacione su estado emocional con alguna de ellas. A partir de ahí, enséñale cómo enfrentarse a ellas.