Así como un coche no puede circular si no le echas gasolina, tu hijo no crece si no es con motivación. El ser humano se mueve por motivaciones, y el desarrollo de las habilidades emocionales pasa por ahí.

El proceso de aprendizaje emocional lo divido en 3 fases muy sencillas y lógicas, ya verás, y basadas como siempre en el sentido común. Dos de estas fases son intrínsecas, es decir que nacen de tu hijo (desde su interior); y la otra extrínseca que le llega del exterior y de algo que no está a su alcance fácilmente si no se lo dan.   

Las ganas de aprender que tenga tu hijo es la primera fase para desarrollar esta capacidad emocional. Es el primer paso para que tu hijo pase del garabato con meses de vida, a su primer dibujo de la casa. Te propongo este ejercicio: visualiza cuándo empezó a caminar. Primero lo más seguro empezó con el gateo, se puso de pie ayudándose del sofá o de una silla y poco a poco empezó a soltarse hasta dar su primer paso. En resumen, primera fase son las ganas de aprender, mejorar y crecer.

Tu amor incondicional es la segunda fase en este proceso. Fíjate que este paso no depende de él, sino de ti. Aquí tienes una gran responsabilidad. Vuelve a la imagen anterior en el que tu hijo dibuja por primera vez una casa. ¿Qué es lo que hace tu hijo cuando acaba y deja el lápiz en la mesa? ¡Exacto! Buscar tu mirada, una respuesta en ti que le indique reconocimiento, aprobación, tu AMOR.

Ya casi estoy. La tercera fase también intrínseca de la motivación es ganar seguridad y AUTOESTIMA. Como es obvio, este paso va de la mano del amor incondicional que le has proporcionado con el paso anterior a tu hijo. Dicho de otro modo, si no estabas atento a la mirada de tu hijo enseñándote el dibujo de su primera casa, el proceso quedará incompleto. ¿Qué crees que ocurre si tu hijo cuando está sosteniendo el dibujo, tú estás mandando un WhatsApp al grupo? ¡Sí! ¡De nuevo, acertaste! Que tu hijo puede pensar: “ah, mamá o papá si hago esto, no me dicen nada. Esto no debe ser importante, entonces”.

Pero esta regla no es infalible. Voy un paso más allá. En muchas ocasiones trato a niños que, aunque estos tres pasos se cumplan, estén motivados, porque tienen ganas de aprender, y saben que están sus padres detrás para apoyarles y animarles, sabiendo que son capaces de conseguirlo si se lo proponen: no quieren aprender. No tienen ganas de nada, se aburren y entran en un bucle peligroso: si lo que está fuera no es suficientemente poderoso, no me interesa. ¿Qué ocurre aquí? Que el juego que me instalé ayer en mi iPad es mucho mejor que hacer experimentos caseros.

Entonces, ¿cómo hacer para motivar a tu hijo a que consiga lo que quiere?

Muéstrate como modelo. De hecho, es lo que haces constantemente a lo largo del día. Tu hijo te observa y te imita. Es así. Es una forma primaria de aprendizaje. Piensa en las crías de las hienas cuando huyen del león porque las demás lo hacen.

Te hablo de las neuronas espejo: lo que hagas tú, hará tu hijo.  Así, ¿qué haces tú para conseguir lo que deseas? ¿luchas y peleas hasta que lo consigues? o, por el contrario, ¿prefieres no salir de tu zona de confort?

Desde luego y una vez más, no me cabe duda que, ser padres nos da la oportunidad de ser nuestra mejor versión.