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y cuando pierdas, pierde.

y cuando pierdas, pierde.

La gran pantalla de la vida. Todo lo que debo mostrar es éxito, triunfo, es un “todo va bien”, es escaparate, puro teatro. En un mundo donde en las redes sociales lo que tengo que enseñar es la cantidad de trabajo que tengo, lo buena que soy, las tantísimas cosas que hago. Donde valentía está reñida con fracaso, y empeño con “hoy no puedo”, donde pisar fuerte es sinónimo de pisar al otro. Y donde no cabe andar por ahí con las rodillas peladas de caerte. Donde mi mejor cara, mi mejor ropa, mi mejor todo, finaliza con ser aceptada por ti. En un mundo que cuando acaba el flash dejo de sonreír y sigo. Sigo en la misma mierda pintándola de rosa para los demás, para ti. Sigo jugando a vivir.

 

Son muchos los objetivos que me he marcado este año y no han salido como esperaba. Para mí, muchos, puesto que lógicamente quisiera que hubieran salido todos, por todas las horas de dedicación que hay detrás, por toda la ilusión y cariño, por todo el deseo de que salieran. Y es que cuando lo intento, de verdad lo intento. Y muchos los que han salido que me hubiesen gustado que hubiesen sido de otra forma y son así, aunque así están bien, porque son.

Y no concibo valentía sin fracaso, así que hay días en los que mis ojos están teñidos de tanto llorar porque tuve que anular un curso, y días en los que me desvisto y visto con ropa de estar por casa sin ganas de salir a la calle porque no tengo fuerzas para hacerlo. Esa también es una gran pantalla. Esa también soy yo. La que cuando pierde, pierde.

Sí, soy la que se levanta con fuerza cuando se cae, la que no tiene fuerzas para rendirse. Y la que se entristece porque en algún momento desea saber qué desea. Soy la que ando con las rodillas peladas y río por no llorar. Soy la que a momentos pienso “no me da la vida” y no me da. La que sigue y sigue porque confío (en mí). Soy la que en ciertos momentos estoy más sola que la una. Y la que voy acompañada de personas maravillosas que un día me soltaron un “¿Y qué tal si no nos rendimos?” y siguen a mi lado.

Porque educar para perder es invertir en ganar. Y que vea que mamá a veces no puede es dar permiso para que ella no pueda. Gran pantalla soy humana, vivo y siento. No por ti, sino por mi.

 

 

 

 

Esta entrada tiene un comentario

  1. Completamente de acuerdo, vivimos en una sociedad de apariencia donde los estándares de éxito, confianza, seguridad, sonrisa eterna… entre otros, parecen maquillar que la realidad es como es. Por supuesto no menosprecio todo lo que tenga que ver con mi superación como persona, pero también entiendo en ello el aceptar mi sentir cuando este es el que es, sin escapar a mi propia autenticidad.

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