Cuando podemos darnos cuenta de que las niñas y niños son distintos, podemos comprender, acompañar y amar distinto. Sí. Como lees. No a todos tus hijos los vas a amar de la misma forma. Hasta el infinito está claro, pero de modo distinto. No tenemos siempre la misma conexión con uno que con otro. Y no pasa nada por ello. Tal vez tu hija mayor tenga más vínculo con su padre, y el mediano contigo. Puede que el pequeño sea más espontáneo y necesite más de tus abrazos que el mayor. Todo está bien. Todos somos diferentes. Tenemos esencias distintas.

Cuando hablo de educación respetuosa y consciente, justamente parto de esta base. La mayoría de padres, o los nuestros, sin ir más lejos, nos imponían unas reglas y una disciplina sin pensar en la individualidad. Apartando del foco el hecho de que cada uno de nosotros somos únicos y no necesitamos lo mismo.

Abandonamos o ya no llegamos a plantearnos la posibilidad de conocerles en profundidad.

Es más fácil y rápido que cada uno se vista por la mañana solo, para no llegar tarde al cole. Pero, ¿si nuestro hijo mayor necesita ayuda? ¿Por el mero hecho de que tenga 7 años y sea el mayor de tres hermanos, no merece ser visto de forma distinta? ¿Debe costarle menos vestirse por tener más edad que los demás? Rompamos con estos roles.

Regálate la oportunidad de hacer las cosas distintas a como está marcado. Reflexiona si al dar la orden de “¡vístete!”, puedes acompañarlo de: “Y si necesitas ayuda, aquí estoy.”

Damos órdenes antes de comprenderles y nos frustramos o desesperamos cuando no obtenemos los resultados que deseamos. Pero, ¿qué desean nuestros hijos?

La educación respetuosa y consciente te transforma porque te enseña a observar y escuchar de verdad a tus hijos, sin intentar que sean como tú quieres, y a saber que hay detrás de cualquier reacción emocional.

Acepta el regalo de conocer a tu hijo aquí y ahora.