Llega un momento, que suele ser de repente y sin previo aviso (como sucede con las cosas más importantes en esta vida) en el que tu hijo pasa a ser otra persona. Deja de escucharte como lo hacía hasta ahora y se vuelve un contestón.

Si eres un padre o madre organizada, estructurada, y pacífica que procura no alterarse y hablar desde la calma, cuando llega este momento, consigue que perdamos la paciencia, entren en juego los gritos, castigos y amenzas, chocando con tu hijo que de repente se ha vuelto explosivo, desafiante y rebelde.

Pero lo peor de todo no esto. No. Lo peor, es que te des cuenta de lo incomprendido y solo que se siente, y no sepas cómo ayudarle. Porque, entre tú y yo, que te reten cada dos por tres y tengan el NO en la punta de la lengua, no duele tanto como verles decaídos, sin ganas y tristes.

No te voy a engañar, no hay una varita mágica que solucione estas situaciones tan difíciles. Pero sí te aseguro que todo pasa, y que trabajando día a día para ayudarle en su gestión emocional da resultados en menos tiempo de lo que crees.

¿Cómo hacerlo?

Siguiendo estos 3 pasos:

Paso 1.- Piensa desde cuándo tu hijo se ha convertido en un inconformista:

¿hace una semana, quince días, dos meses?

¿qué pasó en ese momento?

¿hubo algún cambio en su vida?

¿nuevo colegio?

¿tal vez el nacimiento de tu segundo hijo?

¿algún fallecimiento en la familia?

Paso 2.- Cuando hayas encontrado el motivo que pueda justificar la razón de ese cambio en el comportamiento de tu hijo, obsérvate a ti. Con esto me refiero a que indagues en cómo te sientes tú después de identificar que hace dos meses tu hijo ya no es el que es. Ayúdate formulándote estas preguntas:

¿cómo me siento cuando mi hijo me contesta mal?

¿qué pasa cuando no hace lo que le digo?

¿qué hago cuando le repito por enésima vez que acabe ya de cenar?

Paso 3.- Una vez hechas estas dos listas, ha llegado la hora de pasar al plan de acción. Confecciona una hoja de ruta, y visualiza tu meta, ese “¿a dónde quiero llegar?”. El objetivo aquí será acompañar a tu hijo en este momento de transición que tanto le cuesta gestionar y que pueda volver la calma en casa. Para eso, te propongo algo muy sencillo: PASA TIEMPO JUNTO A ÉL. Sé que lo pasas. Estoy convencida de ello. Y  también sé que cuando entramos en un bucle en casa, te encasillas y cuesta salir de la rutina de las malas caras, malas contestaciones y del mal rollo.

Proponle leer un cuento o un libro a medias, dar paseos juntos, compartir una tarde de cine o jugar dejando al margen otras preocupaciones. De lo que se trata ahora es de volver a conectar vuestras miradas y que tu hijo pueda ser capaz de volver a recuperar su tranquilidad.

¿Te has quedado con ganas de más?

Únete a la escuela online y conviértete en el padre o madre que desas y necesitan tus hijos.