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LEALES DESDE QUE NACEMOS

LEALES DESDE QUE NACEMOS

Formamos parte de algo, quizás de 20 grupos en redes sociales, de una empresa de 230 trabajadores, de un bloque de pisos con 10 vecinos, de un grupo clase con 30 alumnos, de una cola de personas de 7 antes de llegar a la caja del super y de 2 en un matrimonio.

¿Y de cuántos en nuestra familia? Responder esa pregunta dependerá de tu mayor o menor implicación en tu grupo. Quizás tú dependas de 4: tu mujer y tus dos hijos, o tú de 10: con tus padres, hermanos, marido e hijas, o de 20: con tus padres, hermanos, abuelos, tíos-abuelos, bisabuelos, mujer e hijos.

En todas las partes de ese “algo” son dos los conceptos que, aún siendo contrarios el uno al otro, se retroalimentan. Uno es la LEALTAD, el otro la TRAICIÓN. El primer valor consiste en que toda relación se nutre del deseo de ser fiel al otro, no darle la espalda a determinada persona o grupo hará que tú persistas y subsistas en ese entorno. Cuido los lazos de cooperación en redes sociales, compañerismo en el trabajo, amabilidad y respeto con mi vecino, amistad con el del pupitre de al lado, tolerancia y paciencia en la cola del super, y amor con mi pareja.

¿Y con la familia? El término lealtad se desarrolla en la conciencia e implica cumplir con un compromiso, seria una obligación que uno tiene para con el prójimo. Cuando nacemos necesitamos amor y seguridad, y es ahí donde empiezan a construirse los primeros pilares de nuestra lealtad.

En un entorno donde nuestro hijo se sienta libre de juicio en sus acciones y pensamientos, construirá seguridad y confianza y forjará una LEALTAD LIBRE, flexible y no tóxica.

“Si no hago lo que mamá desea, sé que podré explicarle mis razones, y aunque no esté de acuerdo conmigo,

me respetará y no me castigará privándome de su amor”.

Si por el contrario, mamá o a papá no entienden que sus hijos crecen, cambian y evolucionan, aparecerá la LEALTAD SUMISA y el compromiso deberá cumplirse hasta el final, aunque existan presentes adversidades en el camino que puedan cambiarnos nuestra manera de pensar, sentir o actuar.

“Si no hago lo que mamá desea, no me hablará y me castigará.

Por lo tanto, será mejor que haga lo que me dice y así mi amor quedará cubierto”.

Ahí es cuando nace el sentimiento de traición por haber incumplido el compromiso expreso o tácito que unió el lazo mamá-hijo/a – papá-hijo/a al nacer.

“Con todo lo que he hecho yo por él/ella, y ahora me hace esto”

Hace un tiempo le dije a Martina estas palabras:

SI ALGUNA VEZ SIENTES QUE DEFRAUDAS A ALGUIEN, QUE SEA SOLAMENTE A TI MISMA.

 

(Fotografía Roberto Lazo)

 

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