Muchas veces y seguro con la intención de gestionar la emoción del momento hacemos un “pause” en lo que sienten nuestros hijos.

Sabemos lo importante que es que tengan permiso a expresar lo que sientan, pero no nos damos cuenta de que eso en muchas ocasiones nos incomoda. ¿Sabes por qué ocurre eso? Por que nos incomoda.

Sí, aunque no te guste escucharlo, cuando le dices a tu hijo que vaya a la habitación a calmarse y luego lo habláis, estás dándole al botón de para, no quiero oirte llorar ahora, y tu hijo se descoloca.

Puede pasarse una hora llorando en la habitación, ¿pero cómo? ¿solo?

Acompañar las emociones en nuestros hijos no es fácil. ¡No es fácil muchas veces saber lo que nos pasa a nosotros! ¿verdad? Con esto quiero que te plantees y reflexiones esto:

  • ¿Qué ganas mandando a tu hijo a la habitación para que llore? ¿no oirle?
  • ¿Cuando está dentro qué es lo que hace? no lo sabes. No les ves.
  • Cuando sale de la habitación y te dice: “Ya está. Ya estoy mejor”. ¿cuál es el proceso o el camino que ha empleado para estar mejor? ¡No puedes saberlo, no estabas!

En este post quiero que abras los ojos y tomes consciencia por favor de que tus hijos te necesitan, no les dejes llorar solos. A no ser, obviamente que te lo pidan (pero ese no es el caso del que te hablo hoy).

No les mandes a llorar a la habitación. Por favor, no lo hagas.

Un abrazo,

Noe.