No estaría mal que antes de ser padre te plantaran una azafata de vuelo y te guiara qué hacer en caso de SOCORRO. Nada mal, ¿verdad? Pero, sabemos que eso no va a pasar. Así que toca mojarse.

En el directo de ayer fui muy explícita al decirte que te muevas, actúes y que si hay algo en la educación de tus hijos que no funciona, pongas de tu parte para cambiarlo.

Muévete de eso que llaman tu zona de confort, porque desde ahí no vas a conseguir nada. Y deja de quejarte, hazte el favor a ti y a tus hijos. Porque cuanto más te quejas tú, más lo hacen ellos. Y luego no vale eso de: ¿puedes dejar de quejarte hijo, y valorar un poquito más las cosas?

Empecemos por nosotros. Dar ejemplo no es llenarnos la boca de frases que aprendimos en el último libro de crianza que nos compramos. Que aprendan de nosotros y lo hagan en el sentido que educas, es directamente proporcional a cómo lo hagas tú. Así de fácil.

¿Cuántas veces al día te quejas? ¿Las has contado? ¿Qué tipo de quejas son? ¿Sabes que cuando lo haces, tus hijos están tomando nota y absorbiendo esa conducta que tanto te molesta?

Respira.

Y desde la calma y dejando la culpabilidad de no estar haciendo las cosas con tus hijos como tenías planeado, trátate con cariño y acepta que, aunque no todo sea un camino de rosas, puedes cambiar tu prisma. Ver las cosas desde puntos de vista distintos para que puedas conectar con tus hijos, eso sí merece la pena. Ahí sí puedes anclarte. Pero no en la queja, porque desde ahí no sales, desde ahí no miras a los ojos de tus hijos, y no entiendes ni sabes cómo hacer.

Confía, muévete, aprende, y quiérete.

Estar para nosotros mismos y para nuestros hijos sin dramas y divirtiéndote en el proceso es posible,

solo si lo quieres tú.

Un abrazo muy grande,