¿Qué padre no quiere que su hijo sea feliz? Todos deseamos que sean niños y niñas alegres, espontáneos, abiertos, motivados, y por supuesto: felices.

Hoy con el rollo de ser realistas, pisar con los pies en la tierra y no pintar la vida de rosa, ¿sabes lo que estamos haciendo? cargarnos el concepto de la felicidad, lo pisoteamos y desvalorizamos.

Una cosa no va reñida a la otra. Educar a tu hijo en la felicidad va de la mano con no tener que sacarle siempre las castañas del fuego.

Ir a hablar con la tutora esta mañana porque ayer tu hijo lloraba como una madalena por haberse peleado con Blas (su mejor amigo), es no prepararle para la vida y tampoco educarlo para que sea feliz, como quieres. Hacer eso es lo mismo que estar diciéndole: “déjame a mí, que tú no puedes hacerte cargo de esto”.

Dice el terapeuta italiano Andrea Fiorenza: “Ponga un obstáculo cada día a su hijo”. Sí. Sé lo que estás pensando. Tienes razón. Ya tienen obstáculos en su día a día, no es necesario que les pongamos más. Pero fíjate, tampoco quitárselos, solucionarlo todo por ellos, alimentar su lamento y ponerte la capa de superhéroe para salvarle. Porque cuanto más creas que le estás ayudando en esa posición, más estarás alimentando la otra cara: se sentirá menos capaz, generará en ti un rol de dependencia no sano, sin el cual no sabrá ir por la vida, no aprenderá a defenderse, y lo más importante no sabrá cómo quererse. Sí. Ahí también se ve afectada la construcción de su autoestima. La capacidad de autonomía que tenga tu hijo también tiene que ver con su auto concepto.

Te propongo esta ruta de trabajo para que puedas aplicarlo en casa y me cuentes cómo te ha ido:

• Trabaja su sentimiento de competencia y autosuficiencia.
• Anímale a avanzar a pesar de las dificultades que se le planteen, cualquier paso que pueda dar solo es un gran éxito.
• Comparte con tu hijo situaciones en las que pueda participar en la resolución del problema. Puedes dirigirle así: “¿a ti qué te parece?”, ¿tú cómo lo harías?.
• Y, olvida mensajes como estos: “ya lo hago yo”, “eres demasiado pequeña para hacerlo”, o “cuando seas mayor, podrás tener libertad para decidir y hacer”.
Confía en su capacidad para encontrar recursos y afrontar las consecuencias de las decisiones que empiece a tomar por su cuenta.
• Recuerda que solo puede hacerse responsable de aquello que haya decidido libremente.

[Y recuerda, no estás solo, estás conmigo.]