Se hace mayor. Toma consciencia de lo que le rodea. De que su entorno va más allá que su casa, su papá, su mamá y sus juguetes.

Se da cuenta de que los niños y niñas también se hacen una opinión propia sobre ella. Y se da cuenta (damos cuenta) de que eso le importa y le duele.

¿Mamá yo de pequeña era fea y tonta? Eso fue lo que me preguntó el otro día nada más levantarse por la mañana. Me quedé rota. ¿Por qué me preguntas eso Martina? Por que hay unas niñas en clase que me han dicho esto, contestó ella.

A partir de ese momento, fui consciente de que estaba creciendo. De que lo que a todos nos ha ocurrido de pequeños en el colegio le estaba sucediendo a ella ahora.

Así que nos pusimos manos a la obra con Xavi:

Plan 1 de actuación: hablar con ella y que sea ella la que muestre lo que le han hecho sentir esas palabras, escucharla sin juzgarla (sin ni por un momento pensar que eso era una tontería), contarle dos experiencias similares en las que tanto Xavi como yo nos hubiéramos encontrado en la misma situación y así hacerle ver a ella que la entendemos y comprendemos 100%.

Plan 2 de actuación: hablar con su tutora.

El primer plan salió bien. Hablamos hasta que ella nos dijo: “ya está, ya no quiero hablarlo más.” Así que Xavi y yo, en ese momento le dijimos: ok, cuando tu quieras volver a hablarlo, estamos aquí.

Ahora os cuento la segunda parte del plan. Cuando llegamos a casa, Martina nos contó… ¿Sabéis que ha pasado hoy en el cole? Que la señorita nos ha reunido con Paula (la voy a llamar así), y luego le ha preguntado que es lo que me dijo. Paula dijo que me llamó fea y tonta, pero que no lo volvería a hacer, y me dio un beso y me pidió perdón.

Asamblea lo llaman. Cuando hay un “problema”, “conflicto”, “situación” en la que un niño o niña se sienta mal por algo que otro le haya dicho o hecho, se reúnen, lo hablan, y buscan soluciones.

No son cosas de niños. Son cosas de todos. Tengámoslo en cuenta siempre.

Ahora Martina y Paula van juntas siempre 😉