Quiéreme más, cuando menos lo merezca

Quiéreme más, cuando menos lo merezca

Retirar la palabra a tu hijo cuando más lo necesita, créeme, no es lo más oportuno si lo que queremos es que pueda tener un desarrollo emocional sano y fuerte.

Son muchas las situaciones de tensión que el día a día nos expone que acaban con un: “Vete a tu habitación”. ¿Qué pasa ahí? Algo muy sencillo y peligroso a la vez. Tu hijo está aprendiendo que los conflictos se solucionan así, con un portazo, sin hablarlas, sin encontrar una solución, y dando la espalda a los sentimientos.

Tomando como base la comunicación no violenta, que aplico en mi Método Batega, te invito a poder tomarte situaciones como las del ejemplo anterior, como una oportunidad para conectar con tu hijo. Claro, es mucho más rápido y fácil dar la espalda a eso que nos incomoda. Por supuesto. Pero no es la solución, si no solamente un parche, que se hará más y más grande a medida que tu hijo crezca. Y pongo la mano en el fuego de que lo que menos deseas es a un adolescente que no te explique y no comparta contigo sus problemas. ¿Verdad?

Aplicar el proceso de comunicación no violenta en herramientas de disciplina como mandar a tu hijo a la habitación, o a otras tipo: “el rincón de pensar o la silla de pensar”, hacen que caiga por su propio peso y debamos catalogarlas de medidas disciplinarias igualmente violentas.

Piensa que cuando actuamos como padres dándoles la espalda a nuestros hijos por no haber tenido un comportamiento adecuado, actuando desde la autoridad, le estamos enseñando que no queremos estar con él, y él interpreta: no me quieren.

El amor se tambalea. Y no hay nada más aterrador para un niño que sentirse excluido.

Averigua qué hay detrás del comportamiento de tu hijo que tanto le altera, le perturba y le inquieta. Y hazlo tú también como padre, indaga qué emoción se despierta en ti para recurrir al silencio y no afrontar la situación.

Este es un buen punto de partida para descartar del todo el silencio como vía de escape y solución a esa situación que tan incómoda resulta.

Comparte conmigo en comentarios, ¿Recurres al silencio con tu hijo cuando ya no puedes más? ¿Qué ocurre cuando está en su habitación un rato y luego sale? ¿Crees que el problema se soluciona por haber estado ahí solo, pensando en qué ha pasado?

Gracias por estar al otro lado, me encantará leerte.

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