¿quieres casarte conmigo?

¿quieres casarte conmigo?

Con un selfie como imagen empieza este post dedicado al niño de la flecha: Cupido y al sábado de San Valentín.

Ya se acerca el día en que parejas enamoradas, no enamoradas, parejas por y de conveniencia, matrimonios felices e infelices, papás y mamás que siguen viviendo juntos para que sus hijos tengan padres, comercios, hoteles, restaurantes, casi todos,  se dejan llevar por el disparo de este niño con alas que representa el dios del deseo del amor.

Ayer vino a casa una gran amiga y ya familia para nosotros a estar un ratito con Martina (qué hariamos sin ti Anna). Al llegar yo, me dijo: ¿sabes qué me ha dicho Martina? Que nos tenemos que casar porque ella me quiere mucho.

Las dos nos pusimos a reír, pero ahí pude ver que el matrimonio para Martina empieza a ser un símbolo de amor entre dos personas, para ella ahora dos amigas. El cuidado, la atención y el cariño que le regala cuando viene, despierta en ella el amor. Me explicaba que luego Martina la cogió de la mano y empezaron a andar por el pasillo. Y que eso era el amor.

Des de que nació Martina en casa siempre tanto Xavi como yo le hemos verbalizado nuestro amor, a pesar de los gestos, claro está. Y creo recordar que fue una de las palabras que Martina dijo: mama saps què: t’estimo. Cuando sale eso de esa pequeña personita os prometo que es uno de los mejores momentos que a uno le puede suceder. Luego es cuando entra en tu cabeza el discurso mensaje que mucha gente te recuerda… ¡son para regalarlos a veces, pero cuando te ponen esa carita… se les perdona todo! ;).

Querer más o menos a alguien no depende de que el regalo sea también más o menos grande. Deberíamos observar cuál es nuestra manera de amar, pero día a día (no porque lo marque el calendario). Te propongo un ejercicio: Pregúntale hoy a tu hijo/a: ¿qué es el amor para ti? Quizás su respuesta te haga reflexionar…

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