REfugio

REfugio

Cubierta de un hormigueo envasado al vacío.

Va a pasar en unos segundos, lo sé, y sigo andando, me asusta no tener miedo. Sigo por inercia, esa es la norma, aún sabiendo que la mayoría de veces soy más cangrejo que persona.

Ese dulce sabor amargo que me queda al saber que ando hacia atrás. No, no es para siempre. Es para ratos, y en un rato pasará. Ya lo sé.

Cierro los ojos. Una pestaña en mi dedo. Un deseo: no olvidarme de soltar riendas. Ahí, abatida, en el suelo,  dibujo una línea, esa que limita horizontes, me salva, me recoge y me sacude con fuerza.

Me cuesta respirar.

Sin aliento. Ahí en la esquina, huelo el fracasado éxito que se dio media vuelta riéndose de mi. Una vez más. Perdida en la meta volví a luchar sin batalla. Recojo más trocitos de mi.

Me voy.

No sé donde.

Pero me voy.

No sé por cuanto.

Pero me voy.

Me desquito de mi.

Lo reconozco, no me conozco.

Pero me voy.

No reconocerme será el primer paso para hacerlo.

 

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*Refugio: cultismo procedente del latín Refugium, palabra que significaba acción de huir hacia atrás.

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