Trabajar de lo tuyo

Trabajar de lo tuyo

Trabajar de lo tuyo. Fantástica frase, ¿no creéis? Yo al menos llevo escuchándola unos 34 años, y diciéndomela unos 30 quizás. Ya cuando eres pequeño no dejan de preguntarte: ¿Y tú qué quieres ser de mayor?

¿Qué es eso de trabajar de lo tuyo? Bien, dícese que el concepto “trabajar de lo tuyo” es poder dedicarte profesionalmente a los estudios que has realizado. No valen todos los estudios eh… valen solamente aquellos estudios como Carreras Universitarias donde has pasado la mayor parte de tu vida metido en una biblioteca, pensando en cómo iría ese examen que siempre te va mal y que has suspendido unas cinco veces, dedicando el tiempo a perderlo pensando que va a ser de ti en verano teniendo que recuperar asignaturas llamadas “pendientes”, o teniendo que aguantar al sabio de turno que entra en clase vomita el rollo y se va con la coletilla: “no sé si sois conscientes de que esto ya no es el instituto”. ¡Ala! Y se va tan pancho.

Trabajar de lo tuyo no puede ser ni mucho menos darle la vuelta a la tortilla a esos estudios que tan reconocido te tienen. No puede ser dedicarte a un proyecto personal que te llene todo: la vida, el pensamiento de energía positiva, de motivación, de felicidad, el día, ¡todo!

Porque seamos realistas: solamente es un proyecto personal, no es trabajar de lo tuyo.

Cuando un trabajo no reúne los requisitos: tener un contrato laboral, vacaciones “pagadas”, un horario fijo que haga de rutina, un sueldo “fijo” que te proporcione “seguridad”, un trabajo que se relacione con tus estudios,  y pasa a llamarse proyecto personal, señores y señoras: eso no es un trabajo, y ni mucho menos de lo tuyo. Por no hablar de si encima eres mamá. Los elogios al trabajo de lo tuyo se hacen mayores si consigues tener un buen horario que te permita tener tiempo para tus hijos, para la compra, para la ropa, etc.. eso está más valorado aún, porque la frase aquí se acentúa aún más: “¡… qué bien, y encima es de lo tuyo!”

Cuando vas contracorriente, o con tu corriente (mejor dicho) es cuando suelen aparecer comentarios como: “Sí, sí, está muy bien tener motivaciones en la vida, pero no deja de ser un proyecto personal…”.

¡Perdonaaaaaaaaaaaaa! Plantéate qué es un trabajo en el cual entras a las ocho de la mañana y no sales hasta las ocho de la noche (con un poco de suerte), en el que desde que aterrizas a la oficina lo que más te motiva es la esperada y deseada hora del desayuno y por supuesto la llegada de la hora de salir. Cruzarte por los pasillos con reconocidos altos cargos, con unas caras que les llegan al suelo, y que para decirte los “buenos días” tienen que hacer tantos esfuerzos que acaban por hacer un simple movimiento de cabeza por el cual tú te das por saludado. Trabajo en los que se habla más de la compañera que del expediente que tienes encima de la mesa. Compañeros que la mayor parte de su jornada laboral la dedican a planear las próximas vacaciones, puentes, festivos o simplemente darse un paseo por Internet.

¿Holaaa? ¿Ese es tu trabajo de lo tuyo?

Enhorabuena.

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