TREINTA Y SEIS

TREINTA Y SEIS

 

A contracorriente, con algún respiro, sí. Pero a contracorriente. Cayendo una y otra vez en mi camino. Gracias decepción, aunque duela y escueza, me hago más fuerte. Gracias a ti, a ti y a ti, por no confiar en mí. Por creer que no llegaría donde estoy y soy hoy. Gracias a ti también por sermonearme en más de una ocasión con palabras vacías acabando con un “Te vas a equivocar”. Gracias también a ti por pensar que no duraría dos días con el que es hoy mi incondicional compañero de vida. Y a ti por creer que estoy loca por haber renunciado a tener “algo seguro” que me dé el pan de cada día, aunque para ello veas amputadas parte de mi esencia. Gracias por criticarme a la espalda y por creer que eres mejor que yo y esforzarte en hacérmelo ver.

 

Me han llamado “valiente” aunque muchas veces no sé muy bien donde pisar, “¡inconsciente!” por apostar por lo que siento en cada momento y dejarme llevar y “¡egoísta!” por escucharme a mi primero.

 

¿Mamá pero hoy ya vas a ser viejita? Y esa es su única preocupación hoy que cumplo uno más. Que me haga mayor, que me salgan arrugas, dice, y que me muera.

 

No quiero más regalos. Uno me lo diste tú. Tú que suspiras sin casi oírte cuando me miras. Incondicional compartes mi camino. Incondicional comparto tu camino. Creciendo juntos, haciéndonos crecer. Eres grande, sí, y más lo vas a ser. Tú que me preparas el desayuno cada mañana. Que con solo mirarme, ya sabes. Que callas cuando escuchas, y susurras cuando lloro. Que te haces el loco cuando empiezan mis “neuras”. Y que eliges estar conmigo cada día. Gracias inconsciencia por ese dos de febrero de hace siete años.

 

Y a ti. Mi rubia. Y mi todo. Aprendiendo cada día a pasos agigantados. Casi tres años de noches sin dormir. Y lo volvería a vivir una y otra vez. Gracias por olvidarte tan rápido de mi sin paciencia de ayer. Por dejarme acompañarte a la cama cada noche, monito. Y por decirme cada día al oído: “mami, yo no quiero soltarme nunca de tu mano”. Por vendarme el pie cuando me ha picado un mosquito. Por secarme las lágrimas y decirme: “no pasa nada mamá, llora”. Gracias egoísmo por quererla mía, y solo mía. Gracias porque así debe ser. Muy mía, hasta que sea, hasta que diga.

 

Treinta y seis años viviendo una vida. Una vida cada vez más mía y no tan de todos. Viviendo cada vez más sin conveniencia. Cerrando cada noche la puerta de casa y a la segunda vuelta de llave pensar: ya lo tengo todo.

Viviendo una vida, al fin y al cabo mi vida.

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Maria

    Siempre es un placer leerte, pero hoy más. Felicidades, os deseo toda la felicidad del mundo por enseñarme tantas cosas en los primeros meses de mi pequeña. Disfruta de tu día.

  2. silvia

    precioso Noe, y felicidades guapa!

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