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¿y cuándo se hizo mayor?

¿y cuándo se hizo mayor?

Pregunta recurrente en los padres: ¿y cuándo se hizo mayor? No nos damos cuenta, pasan los días, las noches, pasan las semanas los meses volando. “No importa” pensamos, mañana será otro día, ya irá mejor que hoy. Pero hoy ya ha pasado, y quizás no te hayas dado cuenta, y has vivido 24 horas más al lado de la persona que más quieres, que pasó de bailar en su habitación descalza escuchando la caja de música de la bailarina del lago de los cisnes que le regalaste para su cumpleaños, a ese heavy metal en los cascos sentada en la silla de su escritorio mientras garabatea su cuaderno de inglés.

Y sí, esa niña creció. Pero creció contigo, a tu lado y junto a ti, y ahora se lleva todo lo que le has ido poniendo en esa mochila. En su interior queda tu discurso, tus palabras de puedes, o tú no puedes, confío en ti, o ya te dije que ese no era tu camino. Tus gritos y tus silencios se los lleva también. Para bien o para mal, pero eso se lleva. Y es cuando estas a solas sin ella que te das cuenta de que el silencio te deja sorda en casa. Y de que sí: se ha hecho mayor. Adolescentes lo llaman, una púber, una mujercita.

Y sí mamá, y papá:

Hay días en los que observas a tu hija y piensas: necesita ayuda, y días en los que piensas: “la ayuda la necesito yo”. Momentos en los que crees que ya es demasiado tarde ayudarla y que se ha echado todo a perder. Segundos en los que su mirada desafiante hace que se derrumbe todo lo que habéis construido juntos. Gestos que te hacen sentir que eres menos ya para ella, y que todo el mundo suma menos tú. Noches que cuando la observas y medio sonríes recordando a esa bebé dormida de no hace tanto, piensas de nuevo: mañana será todo mucho mejor. Conversaciones perdidas que acaban en un “qué pesada eres mamá…”, y sientes que ha perdido totalmente la confianza en ti. Instantes en los que no sabes qué es mejor, si hablar o no hablar, si callar y dejar pasar, si preguntar o esperar a que pase.

Sí. Hay días y días, pero todos ellos cuentan para ella aunque no lo creas.

Cuenta que siempre preguntes lo mismo, porque ella lo está esperando. Suma que la mires de reojo antes de salir de casa y compruebes cómo va vestida, con quién y dónde va y a qué hora volverá, porque necesita aún sentirse protegida. Cuenta (y mucho) que la mires mientras duerme, en realidad ella no puede dormir y espera ese beso en su frente.

Maravillosos son cuando se sientan a mi lado y me confiesan: “me gustaría pasar más tiempo con mamá, pero ella no para de decirme cómo hacerlo todo, está siempre encima y no escucha lo que le digo si no es para decirle un SÍ MAMÁ”. Gracias por ser tan intensos, tan auténticos y reales, y por ser el fruto que vuestros papás y mamás han cultivado durante años. Y gracias papás y mamás por dejarme acompañaros en este camino formando parte de vuestras vidas.

Construid y reconstruid las veces que haga falta, aunque creáis que es en vano, porque hay días y días, sí, pero ellos crecen en estos días, y todos ellos cuentan, todos ellos suman. Ella sabe que estas ahí, seguid estando por ella.

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